Colectivizando las cuatro libertades – Colectivo disonancia

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Este sábado 19 de octubre a las 16:15 hrs, Los compañeros del Colectivo Disonancia estarán en el Día del Software Libre con la presentación “Colectivizando las cuatro libertades”, una reflexión política y crítica de la noción de libertad en el software.

Información de la jornada en https://diadelsoftwarelibre.cl/
Lugar: Fanor Velasco 17, Santiago
(https://frama.link/RBroJ7cD)
Organiza Cuatro Libertades.

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¡Abajo los Anarquistas!

*Publicado en el Mother Earth de Marzo de 1908 con el título “A Nuestros Enemigos” y firmado por la Anarchist Federation of America.

¡Debemos deshacernos de los Anarquistas! Son una amenaza para la sociedad. ¿No dice eso Hearst? ¿No nos aseguran la  M. & M. y los señores de la Cámara del Comercio, quienes también le declararon la guerra a la Labor, que los Anarquistas son peligrosos y que son responsables de todos nuestros problemas? ¿Acaso no todo novato de la Labor y todo injerto de político grita contra los Anarquistas? ¿No es eso prueba suficiente de que los Anarquistas son peligrosos?.

Pero ¿por qué todos los ricachones y sus mercenarios son tan unánimes en condenar a los Anarquistas? Generalmente difieren en muchos asuntos y pelean agriamente unos con otros en su vida social y de negocios. Pero en DOS asuntos están siempre de acuerdo.

Demoler los Sindicatos del Trabajo!

Colgar a los Anarquistas!

¿POR QUÉ? Por que los Sindicatos del Trabajo recortan las ganancias de los patrones al demandar constantemente mayores salarios. Y los Anarquistas quieren abolir al patrón por completo.

Ahora, ¿qué pasa con los Anarquistas? ¿Qué saben de ellos realmente, excepto las mentiras y las tergiversaciones de sus enemigos — que son también enemigos de los trabajadores y se oponen a todo avance de la Labor? Si se detienen a pensarlo, nada saben en realidad de los Anarquistas y sus enseñanzas. Sus amos y su prensa han tenido buen cuidado de  que no aprendan la verdad sobre ellos. ¿Por qué? Porque mientras puedan tenerles ocupados gritando contra los Anarquistas, ellos están seguros en su silla montada sobre las espaldas de las personas.

Ese es todo el secreto.

¿Qué quieren los Anarquistas realmente? Cuando lo sepan, podrán decidir por sí mismos si es que los Anarquistas son sus enemigos o sus amigos.

Los Anarquistas dicen que no es necesario que haya  asesinatos y crimen, pobreza y corrupción en el mundo. Dicen que estos males nos maldicen solo porque un puñado de personas han monopolizado la tierra y toda la riqueza del país. Pero ¿quién produce esa riqueza? ¿Quién construye los caminos, quién extrae el carbón, quién trabaja en los campos y las fábricas? Pueden responder esa pregunta ustedes  mismos. Son los infatigables trabajadores quienes hacen todo el trabajo y quienes producen todo lo que tenemos en el mundo.

Los Anarquistas dicen: Los productos del Trabajo deben pertenecer a sus productores. Las industrias debiesen funcionar para atender las necesidades de las personas en vez de hacerlo para fines de lucro, como en el presente. Abolir el monopolio de la tierra y de las fuentes de producción, y hacer accesible a todos la oportunidad de producción, acabaría con el capitalismo e introduciría la distribución libre y equitativa. Eso, a su vez, acabaría con las leyes y los gobiernos, pues no habría necesidad de ellos, ya que los gobiernos sirven solo para conservar las instituciones de hoy y para proteger a los patrones en su explotación del pueblo. Ello aboliría la guerra y el crimen, pues el incentivo para éstos sería nulo. Sería una sociedad de real libertad, sin coerción ni violencia, basada en el acuerdo común voluntario de “A cada cual según sus necesidades; de cada cual según su habilidad.”

Eso es lo que enseñan los Anarquistas. Supongamos que están todos equivocados. ¿Lo van a demostrar colgándoles? Si están equivocados, las personas no aceptarán sus ideas, y por ende desde ellos no puede haber peligro. Pero, si están en lo cierto, sería bueno para todos averiguarlo. En cualquiera de los casos el asunto es aprender lo que estos Anarquistas quieren realmente. Dejen que la gente les oiga.

Pero ¿qué hay de la violencia?, dirán. ¿Acaso los Anarquistas no predican y practican la violencia y el asesinato?

No. Por el contrario, los Anarquistas consideran la vida como lo más sagrado. Es por eso que quieren cambiar el orden presente de las cosas donde las manos de cada cual  están en contra de sus hermanos y donde la guerra, la masacre al por mayor en busca del dólar, los derramamientos de sangre en los campos, fábricas y talleres están a la orden del día. La pobreza, la miseria y la agria guerra industrial, los crímenes, suicidios y asesinatos cometidos a diario en este país convencerán a toda persona de inteligencia que en la sociedad presente tenemos abundancia de Ley, pero sumamente poco orden o paz.

Anarquismo significa OPOSICIÓN a la violencia, por quien sea que la cometa, incluso si lo es por el gobierno. El gobierno no tiene más derecho a asesinar que el individuo. Anarquismo es por lo tanto oposición a la violencia como así también al gobierno forzosamente impuesto a las personas.

Los Anarquistas valoran la vida humana. De hecho, nadie la valora más. ¿Por qué, entonces, son culpados los Anarquistas por todo acto de violencia? Porque vuestros dominadores y explotadores quieren mantenerles prejuiciosos en contra de los Anarquistas, de modo que nunca descubran qué es lo que realmente quieren éstos, y de modo que los patrones sigan seguros en su monopolio de la vida.

Ahora, ¿cuáles son los hechos ciertos sobre la violencia? Crímenes de todo tipo ocurren día a día. ¿Son responsables los Anarquistas de ellos? ¿O acaso no lo es la miseria y la desesperación lo que lleva a las personas a cometer tales actos? ¿Acaso el millonario sale a la calle a golpearte con una cañería para robarte unos cuantos dólares? O, no. Él construye una fábrica y le roba a sus trabajadores de un modo mucho más seguro, más lucrativo y dentro de la ley.

¿Quién, entonces, comete actos de violencia? La persona desesperada, por supuesto. Aquella a la cual ningún otro recurso parece posible. La violencia es cometida por todo tipo de personas. Pero hay también casos donde se hace por razones sociales. Dichos actos impersonales de violencia, desde tiempos inmemoriales, han sido la respuesta de las clases picaneadas y desesperadas, y de individuos picaneados y desesperados, a los daños que vienen desde sus semejantes y que sintieron intolerables. Tales actos son el violento REHUIR de la violencia, ya sea agresiva o represiva; son la última lucha desesperada de la furiosa y exasperada naturaleza humana por espacio para respirar y por la vida.

Y su CAUSA NO YACE EN NINGUNA CONVICCIÓN ESPECIAL, SINO EN LA NATURALEZA HUMANA MISMA. Todo el curso de la historia, política y social, está esparcido de evidencias sobre este hecho. Para no ir más lejos,  tomemos a los Revolucionarios de Rusia, los Fenianos y a los Sinn Féin de Irlanda, los Republicanos de Italia. ¿Eran éstos Anarquistas? No. ¿Tenían todos las mismas opiniones políticas? No. Pero todos eran llevados por circunstancias desesperadas a esta forma terrible de revuelta.

Los Anarquistas, así como también otros, han cometido actos de violencia. ¿Tienen ustedes al Partido Republicano por responsable de todo acto cometido por un Republicano? ¿O al Partido Demócrata, o a la Iglesia Presbiteriana o la Metodista por responsable de los actos de miembros individuales? Sería estúpido pensarlo.

Bajo condiciones miserables de vida, toda visión de posibilidad de mejores cosas hace a la miseria presente más intolerable, y estimula a aquellos que sufren a las más enérgicas luchas por mejorar su destino, y si estas luchas solo resultan inmediatamente  en una miseria más aguda, la consecuencia es la total desesperación. En nuestra sociedad presente, por ejemplo, a un trabajador asalariado explotado, que capte un atisbo de lo que el trabajo y la vida podrían y deberían ser, le parece casi intolerable la penosa rutina y la sordidez de su existencia; e incluso cuando tiene la resolución y el coraje de seguir trabajando incesantemente lo mejor que pueda, y esperar hasta que nuevas ideas hayan penetrado de tal manera en la sociedad como para cimentar la vía para mejores tiempos, el mero hecho de que tenga dichas ideas e intente difundirlas le pone en dificultades con sus empleadores. ¿Cuántos miles de trabajadores rebeldes, de Socialistas, de Industrialistas y Sindicalistas, pero por sobre todo de Anarquistas, han perdido su trabajo e incluso la posibilidad de trabajo, solamente por sus opiniones? Solamente el artesano especialmente dotado, si es que fuese un ferviente propagandista, puede esperar mantener el empleo permanente. ¿Y qué le ocurre a una persona cuyo cerebro trabaja activamente con un fermento de nuevas ideas, con una visión ante sus ojos de una nueva esperanza amaneciendo para los esforzados y agonizantes, con el conocimiento de que su sufrimiento y el de sus semejantes en la miseria no es causado por la crueldad del destino, sino por la injusticia de otros seres humanos — qué le ocurre a una persona como tal cuando ve a sus queridos hambrientos, cuando ella misma está hambrienta? Algunas naturalezas en tan grave situación, y aquellas que de modo alguno son menos sociales o menos sensibles, se tornarán violentas, y sentirán incluso que su violencia es social y no anti-social, que al golpear cuando y como puedan, están golpeando, no por sí mismas, sino por la naturaleza humana, furiosa y despojada en sus personas y la de sus semejantes víctimas. ¿Y, nosotros quienes no estamos en este terrible dilema, no haremos nada y condenaremos fríamente a estas lamentables víctimas de las furias y destinos? ¿Acusaremos de malhechores a estos seres humanos que actúan con heroica devoción, a menudo sacrificando sus vidas en la protesta, donde naturalezas menos sociales y menos enérgicas soportarán y se denigrarán en abyecta sumisión a la injusticia y el daño? ¿Nos uniremos al clamor ignorante y brutal que estigmatiza a tales personas como monstruos de la maldad, gratuitamente sueltos en una sociedad inocentemente pacífica y armoniosa? NO! Odiamos los homicidios con un odio que puede parecer absurdamente exagerado a los apologistas de la guerra, de la masacre industrial y las masacres de Ludlow, a los desalmados consintientes de la violencia gubernamental y plutocrática, pero declinamos en tales casos de homicidio como los que estamos tratando, de ser culpables de la cruel injusticia de arrojar toda la responsabilidad del acto sobre el perpetrador inmediato. La culpa de estos homicidios yace sobre todo hombre y mujer que, intencionalmente o por fría indiferencia, ayuda a mantener las condiciones sociales que llevan a los seres humanos a la desesperación. La persona que arroja su vida entera en el intento, a menudo a riesgo de su propia vida, de protestar contra los daños a sus semejantes, es un santo comparado con los sostenedores activos y pasivos de la crueldad y la injusticia, incluso si su protesta destruye otras vidas aparte de la suya. Que aquel que esté sin pecado en la sociedad lance la primera piedra a uno como tal.

THE BLAST GROUP

GROUP FREEDOM

ITALIAN ANARCHIST GROUP VOLONTA

UNION OF RUSSIAN WORKERS

PER

EMMA GOLDMAN

ALEXANDER BERKMAN

Jornada de protesta “El estado chileno lxs asesino” – 4 octubre. Santiago

VIERNES 4 DE OCTUBRE | JORNADA DE PROTESTA
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Alejandro Castro, “El Mecha”, como era conocido en la zona de Quintero y Valparaíso, dirigente del Sindicato de Pescadores Artesanales S-24 de Quintero, fue encontrado muerto en la madrugada del 4 de octubre de 2018, colgado (a 5 cm. del suelo) de su mochila en la reja de la línea del tren de Valparaíso. El día anterior, había asistido a una marcha en Valparaíso, donde participaron otrxs habitantes de la zona en medio del conflicto medioambiental contra la contaminación empresarial que hasta hoy sigue abierto y sin solución.
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Sólo el Martes 01 de octubre, 30 niñxs fueron llevadxs a urgencias por síntomas de intoxicación, Puerto Octay sigue sin agua y las salmoneras siguen destruyendo la zona de Calbuco, en septiembre derramaron petróleo en La Herradura de Coquimbo y Tierra del Fuego.
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La muerte de “El Mecha” revivió el caso de Macarena Valdés, 2016 y de Juan Pablo Jiménez, 2013, Camilo Catrillanca, 2018, entre otrxs, luchadorxs cuyas muertes, en medio de un conflicto fueron declaradas por las autoridades rápidamente y sin análisis previo como un suicidio o «bala loca», versión que las familias y conocidxs no creen y que lanzan cuestionamientos sobre por ejemplo, la existencia del sicariato en Chile. Cada año más de 200 lideres y lideresas sociales son asesinadxs en América Latina, muchxs de ellxs por levantarse contra los megaproyectos como la IIRSA y su devastación.
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Lxs defensorxs de la tierra están presentes en cada lucha, el Estado chileno lxs asesinó.
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¡Alejandro «el Mecha» Castro, presente!
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Viernes 04 | Plaza Italia | 19 hrs
Y desde las 18:30 hrs en distintos territorios.

Torneo de Ajedrez en la librería

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“Con la finalidad de seguir dandole vida al espacio de la librería desquiebre se nos ocurriojugar y pasarla bien… El o los premios obvio serán libros JaJaJa… La anarquía esta en todas partes y mejor aun si es tratando de aliminar al Rey jijiji Si en el XIX lxs anarquistas organizaban una filarmonica porque no podemos hacer un grupo de ajedrez para divertirnos y conversar… Estan Todes invitadx, nadie es experto solo somos aficionadxs.
El torneo se realizará el miercoles 2 de Octubre con un costo de inscripción de $1500 que aportarán a pagar el arriendo del espacio.”
Dirección: Alameda 1621, LOCAL 32, Metro los heroes
Contacto: libreriadesquiebre@riseup.net

Vigencia de Malatesta

No cabe duda de que las ideas de Errico Malatesta (Santa María Capua Vetere, 1853) tienen, al cabo de los años, una actualidad y vigencia entre los anarquistas de hoy. Así como algunos principios de otros autores libertarios han envejecido peor, en el caso de Malatesta sus escritos parecen contemporáneos, frescos y de una rebeldía muy actual. Su ideario comunista anárquico mantiene su vigor.

Un ejemplo lo tenemos en su visión de la violencia. Su:

“allí donde termina la necesidad comienza el delito”

es esclarecedor. Nos explica que lo que el Estado considera delito es, en la mayoría de los casos, legítima defensa de los explotados y oprimidos en los que moralmente se justifica la violencia. Analizando sus textos, su biógrafo Luigi Fabri lo destaca con brillantez:

“A nadie se le puede escapar que quienes detentan una serie de privilegios que hunden sus raíces en los padecimientos de otros no van a renunciar a ellos por propia iniciativa. Esa sería la violencia revolucionaria, frente a la violencia conservadora de la actual organización política y económica de la sociedad”.

Sin embargo, matizaba Malatesta que los anarquistas estamos contra toda violencia porque la violencia en sí misma es un mal. Por ello a su juicio la revolución deberá liberar al pueblo de todas las imposiciones gubernativas y patronales, no crearle imposiciones nuevas. Decía que el anarquismo era la negación de la violencia pero contra ella no hay otro modo de defenderse que con violencia; pero entonces, el violento no es el que se defiende sino el que obliga a los otros a defenderse y añade:

“dado que los privilegiados sostienen con la fuerza un orden de cosas que produce el martirio, el embrutecimiento y la muerte por extenuación de millones de criaturas humanas, estamos en la necesidad, estamos en el deber, de oponer la fuerza a la fuerza.”

E insistía: ¡ojo con la violencia! advertía:

“el odio no produce el amor y con el odio no se renueva el mundo, Y la revolución del odio fracasaría completamente o bien instalaría una nueva opresión que podría incluso llamarse anarquista pero que eso no sería una opresión menor ni dejaría de producir los efectos que produce toda opresión”.

Y termina:

“la violencia, siempre que sea empleada para liberarse y no para someterse a otros, es necesaria en una sociedad montada sobre la violencia. Pero si no hay una idea superior de solidaridad humana, la rebelión es estéril: la violencia es origen de opresión”.

Sindicalismo y anarquismo

Otra visión con la que estamos muy de acuerdo es la que tiene sobre el sindicalismo. Lo consideraba, por su propia naturaleza, como algo reformista y no revolucionario. Eso lo vemos en la manera de hacer sindicalismo hoy, tanto en organizaciones de tendencia socialdemócrata como entre las propias anarcosindicalistas, con excepciones claro está a las que se llega con un gran esfuerzo por no caer en la dinámica por el cambio inmediato y la mejora de condiciones materiales perdiendo el objetivo de transformación social. No obstante Malatesta propició la práctica asociativa de la acción directa y de la huelga general y de la solidaridad de clase por encima de toda división ideológica u de partido. Consideraba que el sindicalismo tenía ya entonces síntomas de degeneración y aunque era partidario de la organización sindical y favorable a sus armas de lucha (acción directa, huelga general) rehusaba ver en ellas las únicas formas de combate y de revolución y sobre todo se negaba a subordinarlas a los fines del anarquismo como doctrina del porvenir, y es que para Malatesta el movimiento obrero por sí mismo y sin el fermento de los ideales revolucionarios, lejos de llegar a la transformación de la sociedad tiende a fomentar los egoismos de categoría y a crear una clase de obreros privilegiados superpuestos a la gran masa de desheredados.  Por eso concluía que toda fusión o confusión entre el movimiento anarquista y revolucionario y el sindicalista acaba por hacer impotente al sindicato para su finalidad específica o por atenuar, falsear y extinguir en él el espíritu anarquista.

También en sus reflexiones sobre las democracias burguesas nos sorprende su lucidez. Lo interpretan bien los compañeros del ateneo anarquista de Alcorcón en el prólogo al libro ‘Malatesta su vida y su pensamiento’:

“Para Malatesta el espejismo electoral era funesto de cara a la consecución de cualquier objetivo de cambio social, ya que habituaba a las personas a delegar la iniciativa de sus propios asuntos y negaba de manera absoluta eso que ahora se ha venido en llamar empoderamiento: únicamente servía, a fin de cuentas, para reforzar la dependencia y el principio de autoridad”.

Es importante resaltar que Malatesta, frente a otros autores anarquistas que se vieron cegados por el “cientifismo” determinista de los tiempos en los que les tocó vivir, herederos aún cercanos a la Revolución Francesa, siempre defendió la importancia de la “voluntad” frente a ese pseudocientifismo.

Al igual que otros anarquistas de la primera época, Malatesta fue una persona moral, lo que quiere decir coherente entre sus principios y su vida. Nacido en el seno de una familia acaudalada, en cuanto pudo se desembarazó de todos sus bienes, destinándolos a la propaganda y a los pobres, Abandonó sus estudios universitarios para ir “mejor hacia el pueblo”. Desde entonces fue siempre pobre y se ganaba la vida como mecánico. A pesar de sus penurias tenía como norma de conducta no pedir al movimiento y a su grupo anarquista en el que militaba los medios materiales para vivir.

Entendió perfectamente que la propiedad individual y el poder político eran dos eslabones de la cadena que esclaviza a la humanidad.

“Abolid la propiedad individual sin abolir el gobierno y aquel se reconstruirá por obra de los gobernantes. Abolid el gobierno sin abolir la propiedad individual y los propietarios reconstruirán el Gobierno.”

La cuestión era clara, o las cosas son administradas según los libres pactos de los interesados y entonces es la anarquía -decía-  o son administradas según la ley hecha por los administradores y entonces es el gobierno, es el Estado, y fatalmente se vuelve tiránico.

La insurrección

El análisis que Malatesta hace de la Revolución Social le lleva a decir a las claras que cualquier cambio a fondo de la estructura social, política y económica, se producirá tras un hecho violento. Ello implicará lucha material, insurrección armada, con el cortejo de las barricadas, partidas armadas, secuestro de los bienes de las clases contra las que se combate y sabotaje de los medios de comunicación, En suma “derrumbamiento por medio de la insurrección de las castas y clases privilegiadas”, señalaba, y es que para el anarquista italiano la insurrección es el hecho necesario e imprescindible de toda revolución. Quería contrarrestar otras tesis que abogaba por el educacionismo sin más, en donde:

“a fuerza de propagar la instrucción, de predicar el libre pensamiento, la conciencia positiva se puede destruir el sistema”.

Esta reflexión la aplicaba también al sindicalismo:

“que pretende que la organización obrera conduce por virtud propia, automáticamente, a la destrucción del salariado y del Estado”.

Para el anarquista italiano, sin embargo, el enemigo inmediato “al que debemos dar nuestro primer asalto” es el Estado y el Gobierno. Y no se debe esperar a las condiciones idóneas para ello, por lo que entiende que sería un grave error diferir la insurrección “para cuando las masas estén preparadas”. A su juicio la misión de nuestra voluntad es aprovechar toda tendencia eventual de las masas para orientar el movimiento en sentido libertador. Nuevamente destaca el papel de la voluntad en el cambio social:

“la insurrección no vendrá por sí misma, ni seguirá la mejor dirección por la llamada fuerza de las cosas o por leyes naturales o como consecuencia del desenvolvimiento y de la crisis del capitalismo. Seguirá solo el mejor sentido que le hayan sabido imprimir las fuerzas conscientes que obren en ella”.

Por eso proclamaba que el deber de los anarquistas es estar siempre en medio del pueblo en rebelión. Ello no quita que los anarquistas deban establecer determinadas alianzas con elementos de acción de los diversos movimientos o ideas avanzadas para preparar la insurrección aunque advertía del peligro de que los anarquistas fuesen llevados a abdicar de los propios principios para confundirse con los demás.

Sobre la resistencia pasiva o lo que hoy llamamos la No Violencia, Malatesta lo tenía claro ya hace más de cien años:

“hay casos en que la resistencia pasiva es un arma eficaz y entonces sería ciertamente la mejor de las armas, pues sería la más económica en sufrimientos humanos. Pero la mayoría de las veces, profesar la resistencia pasiva significa asegurar a los opresores contra el miedo a la rebelión, y por tanto traicionar la causa del oprimido”.

Su postura pacifista frente a la guerra diferencia ambas cosas. La guerra, la violencia, no produce civilización sino barbarie. No hay más guerra santa que la hecha para liberarse de la opresión, no hay más violencia justa que la que rechaza la violencia.

Patriotismo

Hoy el patriotismo es un concepto reivindicado por izquierdas y derechas. Vox, el PP, el PSOE y hasta Podemos se declaran patriotas cada uno a su manera. Malatesta sabía cuál era el patriotismo de los anarquistas:

“Nosotros extendemos la patria al mundo entero, nos sentimos hermanos de todos los seres humanos y queremos bienestar, libertad, autonomía para todos los individuos y todas las colectividades. Para nosotros son hermanos todos los oprimidos, todos los que luchan por la emancipación humana y son enemigos de todos los opresores, todos los que fundan el propio bien en el mal ajeno, donde quieran que hayan nacido y cualquiera que sea la lengua que hablen”.

También se pronuncia el anarquista italiano sobre el individualismo. Al igual que Bakunin tiene claro que la libertad individual no existe si el resto de las personas de una sociedad no son libres. Para Malatesta es un ideal sublime decir que la libertad de uno no encuentra límite en los otros, sino complemento. Pero esa necesidad de vivir en sociedad nos obliga a cooperar y ponernos de acuerdo con los demás por medio de pactos libres. Esa cooperación no puede ser impuesta, sino voluntaria.

“La cooperación forzada en beneficio principal de ciertas clases es el régimen autoritario”.

Los anarquistas han de estar con el pueblo, con las masas trabajadoras:

“queremos conquistar a las masas para nuestras ideas y por eso debemos permanecer siempre entre las masas, luchar y sufrir con ellas y por ellas (…) tratar de penetrar en todas partes y servirnos de todos los medios para organizar a las masas, educarlas en la revuelta y la resistencia contra el capital y contra el Gobierno”.

No obstante cree que hay otro nivel de organización previo, de afinidad entre los anarquistas:

“Como anarquistas debemos organizarnos entre nosotros, entre gente perfectamente convencida y concorde; y en torno a nosotros, debemos de organizar, en asociaciones amplias, abiertas a la mayor cantidad posible de trabajadores, aceptándolos como son y esforzándonos por hacerles progresar lo más que se pueda”.

El ”partido” anarquista de Malatesta

Para Malatesta, la organización de los anarquistas era crucial para llegar a transformar la sociedad. Aunque él se refería en sus escrito a “partido anarquista” no lo hacía en el sentido de partido burgués, sino de organización:

“nos referimos al conjunto de quienes están por ayudar a hacer la anarquía una realidad y  quienes por lo tanto necesitan establecerse un fin que lograr y un camino que seguir”

Era consciente que toda organización crea líderes y advertía sobre este peligro:

“si los anarquistas son incapaces de reunirse y llegar a acuerdos unos con otros sin tener que acudir a alguna autoridad eso quiere decir que aún están lejos de ser anarquistas y que, antes de pensar en establecer la anarquía en el mundo debieran dedicar algún pensamiento a prepararse para vivir anárquicamente. (..) Si los miembros de una organización, todos, no se ocupan de pensar, de tratar de entender siempre y de utilizar sus facultades críticas para todo y para todos, y en vez de eso, dejan que unos pocos piensen por todos, entonces aquellos pocos serán los líderes, los pensadores y dirigentes.”

Pese a todo cree firmemente que la organización es necesaria porque:

“el origen y la justificación de la autoridad yace en la  desorganización social.(…) entonces lejos de conjurar autoridad, la organización representa la única cura contra ella y el único medio por el cual cada uno de nosotros puede habituarse a formar parte activa y reflexiva en nuestra labor colectiva y dejar de ser herramientas pasivas en manos de líderes”,

Y finaliza:

“mientras más unidos estemos más efectivamente podemos defendernos”

y aunque es mejor estar desunidos que malavenidos, “que cada cual se junte con sus amigos y que no vaya nadie aislado, perdiendo fuerzas”.

Mucho tenemos los anarquistas que aprender del maestro, eslabón entre la primera generación de los internacionalistas pioneros y la siguiente generación, la que hizo posible las revoluciones española y mahknovista. Sus tesis han aguantado el paso del tiempo y nos siguen siendo válidas como herramientas de lucha en un mundo cada vez más podrido.

Grupo Anarquista Higinio Carrocera

Artículo publicado en Humanidad Libre de Lugo

Anarquismo sin anarquistas. La ofensiva académica postmoderna para desmantelar el movimiento libertario

El postestructuralismo y sus ramificaciones posmodernas y relativistas nacidas al calor de la burguesía académica llevan unos añitos tratando desde la teoría y los despachos universitarios de desmontar lo que durante años han construido hombres y mujeres humildes buscando un modelo social emancipatorio frente al Estado y el sistema capitalista.

Estos posmodernos que jamás pisaron una barricada, ni sufrieron la represión por defender unos ideales de igualdad y justicia, tratan con toda su artillería academicista de desmontar el anarquismo o, mejor aún, hacerse un anarquismo a su medida y, en base a su relativismo, desintegrar (¿o deconstruir?) lo que para ellos es el gran relato del pensamiento libertario. Su objetivo es hacer un anarquismo sin anarquistas.

Se han escrito numerosos artículos teóricos defendiendo un autocalificado postanarquismo o neoanarquismo que, a la postre, pretende hacer una nueva lectura del anarquismo más ‘actual’, más posmoderna, que supere a “los clásicos”, pobres almas confundidas que beben del ya superado modernismo y del trasnochado cientifismo como el de Kropotkin.

Se trata de un lobby académico integrado por gente que se cree progre, de ideas avanzadas, muy cercana a los núcleos de mando de Podemos (en España) y que se considera heredera reseteada de los teóricos del anarquismo. Afortunadamente sus tesis, publicadas en sus elitistas foros, apenas calan en las masas trabajadoras que, en cualquier caso no entenderían sus códigos pedantes llenos de conceptos que tratan de vaciar de contenido los principios del anarquismo sin los cuales este movimiento, simplemente, dejaría de existir. Claro que quizás sea lo que busquen nuestros amigos.

Uno de estos artículos ‘de fondo’ que trata de hacer un anarquismo más guay y posmoderno es el de Anahí Méndez e Iván Cicchini titulado con el rimbombante ¿Pos-Anarquismo? Reflexiones sobre la emergencia del pensamiento libertario y su influencia en la renovación de las prácticas anarquistas”. ¡Toma ya!

Méndez y Cicchini, al igual que la mayoría de los autores que citan a pie de página son marxistas renegados que buscan ahora un anarquismo a su medida y vacío. Claro que para ello hay que empezar por renombrar a La Idea y llamarla `posanarquismo’ que no deja de ser un coladero de exmarxistas huérfanos de modelo político y que tratan de meter la cuchara en el anarquismo, cuyos principios no han perdido vigencia y que se han filtrado en los nuevos movimientos sociales. Y por eso ese interés en controlar.

Como no podía de ser de otra manera este texto fue presentado en un congreso académico latinoamericano de Teoría Social en Buenos Aires en 2015. El propio Cichini, defensor del nuevo anarquismo, escribe en un periódico trotskista ‘Frente de Izquierda’ por lo que ya nos va aclarando un poco las intenciones de este nuevo teórico del ‘anarquismo’.

Parten inicialmente estos autores de una definición del postanarquismo como una nueva versión “sin estructuras maniqueas que condicionan y restringen al anarquismo clásico”. Persigue así decir lo que quieren sobre lo que ellos consideran anarquismo para guardarse las espaldas de las críticas y, en un nuevo esfuerzo relativista, buscar la superación de buenos y malos, como si el pensamiento anarquista pudiera desarrollarse en un mundo en el que hay diversidad, tolerancia y debate, obviando que esta sociedad vive en guerra social entre dos bandos, el de los que detentan el poder y la riqueza (una minoría) y los que sufren, son oprimidos y explotados por dicha minoría.

Pero no nos engañan. La pretensión de estos postanarquistas es sintetizar marxismo y anarquismo, algo que por otro lado no es nada nuevo y ya se ha intentado en numerosas ocasiones a lo largo de la historia con escaso éxito porque ambas ideologías son antitéticas, como lo son la libertad y la autoridad. De hecho forjan sus bases teóricas partiendo de una pretendida síntesis de nuestros clásicos como Bakunin, Kropotkin o Malatesta con autores que provienen del marxismo, como Foucault, Castoriadis, Deleuze Holloway o el propio Negri, entre otros.

A partir de ahí empiezan a agitar el cóctel en donde utilizan como base o esencia del mismo a nuestros anarquistas y les dan la chispa con el posmodernismo para conseguir nada más y nada menos que el “renacimiento de la teoría libertaria”. Claro que de esta coctelera no puede salir nada ácrata, sino más bien un destilado autoritario o postautoritario con un nombrecito más light como el gramsciano “construcción de una contrahegemonía”.

El anarquismo no busca el poder, pero eso lo obvian estos posmodernos burgueses que lo que pretenden es darle a sus principios hegemonistas y por tanto autoritarios un tinte libertario, ante el descrédito histórico de las teorías marxistas que derivaron en totalitarismos al servicio de castas y burocracias de los partidos comunistas y leninistas. Ahora les da vergüenza y buscan otra carcasa.

Claro que ese nuevo contrahegemonismo pseudoanarquista que predican es aún una “tendencia” que parte, nada más y nada menos que de Mayo del 68, aseguran.

Pronto, avanzando en este artículo, se quitan la careta y se hacen transparentes, expresando sin tapujos el porqué de su búsqueda de una nueva ideología a su medida. “Con el agotamiento del marxismo-leninismo y la impotencia que manifiestan tanto el trotskismo como otras variantes del marxismo para presentar una alternativa viable y creíble están emergiendo alternativas en el mundo que progresivamente retoman los postulados libertarios”.

Ignoran estos autores que el anarquismo quiere cambiar la actual sociedad y por eso es un movimiento revolucionario que busca la transformación radical, no un nuevo manifiesto comunista revisado y adaptado y un poco más guay que el de los barbudos Federico y Carlos sustituidos en este caso por Negri y Hardt, donde el Manifiesto Comunista del siglo XXI se llama ‘Imperio’.

Muy posmoderno también apelar al uso de herramientas tecnológicas para llegar a la emancipación, como las redes sociales, los móviles o internet que, a su juicio facilitan la “democratización de la información” lo que favorece “la emergencia de nuevas modalidades de resistencia, autoorganización y lucha por la construcción de visiones alternativas del mundo”. Parece que Méndez y Cicchino descubren las formas de lucha usadas, de manera complementaria a otras, desde hace ya algunos años y de manera permanente hasta nuestros días por los anarquistas.

Estos teóricos o gurús creen haber descubierto la luna cuando explican que es necesario hacer confluir a los nuevos movimientos sociales con el anarquismo. Olvidan que dichos movimientos, en gran parte, beben del anarquismo clásico y de sus métodos de organización y lucha, además de compartir sus objetivos de una sociedad autoorganizada y sin Estado y una economía basada en la autogestión y el comunismo libertario.

Claro que a estos posanarquistas no les mola tanto el comunismo libertario como el poder, el entrismo, y la utilización de los movimientos espontáneos de carácter emancipatorio para sus fines partidistas de conquista del Estado. Un caso claro lo tenemos en Podemos, un partido claramente centralista y socialdemócrata que para ser alternativa de otros partidos reformistas manipuló al movimiento 15M para acabar desmovilizándolo a costa de promesas de poder y gobierno. No solo eso, sino que además se quedó con todos los términos clásicos del anarquismo, como la asamblea o el confederalismo vaciándolos de contenido pero añadiéndolos a su fachada posmodernista en donde lo que importa es la cáscara.

No entienden nada de anarquismo Méndez y Cicchini a pesar de pretender ser tan doctos. Bajo su prisma marxista ¿o debo decir posmarxista? creen que los principios libertarios persiguen la “unidad” y la centralidad. Por eso critican la “lógica sectaria” de los libertarios cuando lo correcto según ellos sería el “ensamblaje de los distintos anarquismos”. La esencia del anarquismo está precisamente en su diversidad, en su carácter autónomo y federalista, si se nos permite, en su dispersión por supuesto poco eficaz (como diría Lenin) para la toma del poder. Y ahora ya nos dicen estos salvadores de patrias que el posmodernismo llega para “unificar el movimiento, pero no para mutilarlo”. ¡¡Cómo nos recuerda a los plataformistas de Archinov que buscaban un anarquismo bolchevique centralizado y disciplinado!! Nada nuevo bajo el sol.

Pero no solo los postanarquistas confunden de manera premeditada el panorama del anarquismo sino que además tienen entre sus referentes teóricos a personajes de la talla de Bauman, un sociólogo marxista que formó parte del servicio de inteligencia del Estado polaco (por poner un ejemplo).

Vienen a salvar el anarquismo

Han venido los marxistas fracasados en sus postulados a salvar el anarquismo y claro, como buenos materialistas dialécticos todo lo ven bajo el prisma de las contradicciones que han de ser sintetizadas por una nueva teoría social “que busca ir más allá de los particularismos y dogmatismos ácratas”. Esa teoría social, desde luego será lo que se quiera menos anarquista.

Una teoría social posmoderna que pretende, en base a esta corriente de pensamiento que todo lo invade en la actualidad, que el anarquismo renuncie a sus esencias, es decir las que le conforman como lo que es. Por eso reclaman que el anarquismo se “actualice” y “salga de las paredes de modernidad”. Pero no vamos a hacerlo porque sería renunciar a aquellos ideales de los que nos precedieron en la lucha y que han demostrado que aún están frescos. Y por cierto, muchos de ellos han salido de la “moderna” Revolución Francesa que parió los principios de la igualdad, la libertad y la fraternidad. No queremos actualizarlos porque, al fin y al cabo, no hemos llegado a una sociedad libre, igualitaria y fraterna y por eso seguimos luchando. Somos así de antiguos.

En su retorcida búsqueda de similitudes entre la nueva criatura y el anarquismo, Méndez y Cicchini hacen una lectura sesgada del anarquismo para conseguir que ese acercamiento sea posible. Y entonces su académica precisión científica se va aquí al traste. Así, para estos estudiosos de las ciencias sociales el anarquismo se basa en “la oposición a toda forma de opresión” y entre los medios para lograrlo está “la democracia” (¡horror!, ¿pero no éramos ácratas o neoácratas?). ¿Y el antipoliticismo y antiestatismo?…son solo “otros rasgos” del anarquismo.

Eso sí, a la hora de respaldar y argumentar este nuevo anarquismo democrático destacan que las influencias vienen extramuros del movimiento “provenientes de pensadores ajenos al anarquismo purista”. Es lógico, son autores marxistas (huy perdón, postmarxistas).

El anarquismo, aunque sea post, no existiría sin unos conceptos muy concretos que le dan sustento como son el antiestatismo, el antipoliticismo, el apoyo mutuo, la solidaridad, la autogestión… pero claro, lo más cómodo para quitarse estos elementos esenciales del pensamiento anarquista y encima quedar de molones es decir que los que defienden los mismos son “dogmáticos y ortodoxos”. Es más, se atreven a ironizar sobre los “sagrados principios fundadores”. Pues claro amigos, estamos hablando de anarquismo no de marxismo.

Se sorprenden estos descubridores del nuevo anarquismo que estos principios impregnen movimientos sociales actuales como el zapatismo, las acciones directas contra la globalización, las asambleas multitudinarias, la autogestión obrera en algunas fábricas de Argentina, la creación de zonas autónomas de inspiración ácrata en Exarquía (Grecia), el 15M en España o el Occupy Wall Street en Estados Unidos, el confederalismo democrático de los kurdos… Para estos autores estas manifestaciones provienen del neoanarquismo,. no del anarquismo, cuando la filosofía que inspiran estos movimientos es la de siempre del anarquismo. Quizás es que cuando estos principios ya antiguos en el movimiento libertario se pusieron en práctica nuestros nuevos anarquistas estaban demasiado ocupados en conspirar en los comités centrales de sus organizaciones leininistas y no se enteraron. Estos movimientos sociales actuales maman de la tradición libertaria y no de una teoría neomarxista pergeñada desde la burguesía académica.

Querer atribuir a estos movimientos de carácter revolucionasrio y anarquista un sello postmoderno es vomitivo, aunque no sorprendente, pues el marxismo y ahora el postmarxismo siempre se caracterizó por acaparar y manipular las luchas sociales para su propio beneficio. Es un parasitismo histórico al que ya estamos muy acostumbrados.

Avanzando en el artículo un nuevo párrafo nos da nuevas claves de quiénes están detrás de este proyecto. Lo reproducimos textualmente: “en las universidades el interés por el estudio del anarquismo va avanzando y es de allí de donde emerge la sugerente reflexión post anarquista” dicen. Ninguna propuesta emancipatoria o pretendidamente emancipatoria, máxime cuando se pone el apellido de anarquista surgirá nunca de la Universidad, del poder académico, sino del pueblo y de las clases trabajadoras. Y sí es así, como en este caso, ya nos dice claramente que su génesis es burguesa.

Parasitando métodos

Méndez y Cicchini, además de burlarse de la “gloriosa tradición” anarquista no buscan realmente un anarquismo para el siglo XXI, sino aprovecharse y parasitar los métodos, que no los fines, del movimiento libertario en su propio beneficio. Insisten en salvarnos de nuestras “disputas estériles” para poder “dilucidar” lo que tienen en común lo que ellos llaman neoanarquistas y postanarquistas.

Acaban así inventándose un pseudoanarquismo que parte de teóricos postestructuralistas como Derrida o el propio Bifo, un defensor de las instituciones y del parlamentarismo. Es lógico, por otra parte, que estos sintetizadores busquen acabar con el anarquismo clásico pues en su ADN llevan el antiesencialismo. Y es que cuando se quiere eliminar del anarquismo su esencia, es decir su carácter revolucionario y antiestatista, desaparece el anarquismo.

El análisis de estos militantes ‘posts’ no deja de sorprender y denota, además, un gran desconocimiento del pensamiento anarquista. En base a su postestructuralismo que no deja títere con cabeza parten de que el anarquismo debe ser superado porque es un producto de la sociedad moderna en su etapa de desarrollo industrial. No es cierto. El anarquismo como tal empieza antes de la Revolución Francesa, se desarrolla en la misma y se perfecciona y amplía en la revolución industrial. Pero sus antecedentes se pueden buscar a lo largo de la historia, ya desde los cínicos griegos, como Diógenes de Sínope. Les recomendamos a estos autores que profundicen más en la Revolución Francesa de la mano del gran Kropotkin, cuya magna obra La Gran Revolución, explica cómo, al igual que años después ocurrió con la Revolución Rusa, los elementos más cercanos al anarquismo que buscaban el fin de la propiedad y el reparto justo de la riqueza fueron aniquilados por la burguesía y los bolcehviques respectivamente. Con esta lectura, ambos autores se cercionarán de que el jacobinismo y el vanguardismo fueron siempre de la mano de los marxistas y nunca de los anarquistas. Además incluyen como una objeción para su pretenciosa síntesis con el marxismo los “fuertes contenidos morales” del anarquismo, como si los mismos fueran una rémora para nosotros. Claro que les entendemos por su relativismo posmoderno y también por sus simpatías marxistoides, en donde ya sabemos que el fin justifica los medios. Pero nosotros siempre tratamos de ser muy éticos en la teoría y la acción y tenemos hasta todo un tratado del mismo Kropotkin.

Otro error en su análisis del anarquismo es creer que el Estado como causa principal de la dominación política “era algo muy común en el pensamiento libertario”, cuando junto al anticapitalismo es un elemento esencial. Para los anarquistas el Estado no es el Gobierno y los poderes judicial, ejecutivo y legislativo. El Estado lo impregna todo y sus instituciones son múltiples, también los psiquiátricos, las cárceles y las escuelas.

El caso es que llegados a la parte final del artículo nos resumen estos dos “investigadores” lo que es el postanarquismo. Entonces uno se da cuenta de que los elementos que le dan consistencia y su “gran potencia”son precisamente… ¡los principios anarquistas de toda lavida!: “la autoliberacoón, la prefiguración de un nuevo mundo, las relaciones de poder, la concordancia con medios y fines, la fuerte oposición a todas las formas de autoritarismo..”. Resumiendo, el post anarquismo es el anarquismo pero sin anarquistas que han sido sustituidos con marxistas “abiertos”.

Explican, por último, que aparte de los principios, los métodos y formas de lucha que adquieren los nuevos movimientos sociales son propias del “neo-anarquismo”. Méndez y Cicchini desconocen (o lo obvian para barrer para casa) que la acción directa, la organización asamblearia, la inexistencia de líderes y portavoces, el consenso, el sabotaje… son maneras de actuar del anarquismo de toda la vida y cuya eficacia y frescura en las luchas actuales demuestra que no hacía falta ningún neoanarquismo para salvarnos. Para este viaje no hacían falta estas alforjas.

Soberbia y cinismo (del malo, no del griego), es la lo que caracteriza a estos ‘post’ y ‘neos’, que se quieren quedar con lo que hemos forjado en nuestra heroica historia contra el Poder y la Autoridad. Ahora llegan cuatro profes embebidos de Foucault y declaran pomposamente que tienen la llave para que anarquismo se salve.

Rezuman reformismo en su artículo, llegando al atrevimiento de decir perlas como esta: “no hay una distinción fuerte entre luchas reformistas y revolucionarias. Aquí la revolución se entiende como un proceso reflexivo”. Que se lo digan a Bakunin, que hacía la revolución en la barricada, mientras sus contemporáneos Marx y el millonario Engels, su padrino, “reflexionaban” en sus cómodos sillones sobre cómo emancipar a la clase obrera.

Para más inri justifican la existencia de luchar “dentro del sistema” utilizando a la vez “el éxodo, la creación de espacios autónomos y de contrapoder para resistir y avanzar”. ¡Huy, como nos suena a Podemos!.

En definitiva, los academicistas postestructuralistas, ‘neos’ y demás burgueses tratan de invadir nuestro barco echándonos por la borda a los anarquistas y, de paso, nuestras ideas. Hemos de estar alerta de estos acróbatas de palabras y conceptos que persiguen enredar para manipular y controlar los movimientos sociales y populares en los que carecen de presencia.

El postanarquismo es el coladero de los marxistas desplazados o renegados con el único objetivo de seguir controlándolo todo. Como la peste y desde sus cuarteles generales situados en las universidades del mundo tratan de redefinir todo y echar una palada de tierra sobre las luchas de años de sufrimientos, muertes, experiencias revolucionarias, despreciando desde su soberbia burguesa el corpus doctrinal que de abajo arriba se fue forjando y perfeccionando en ateneos, escuelas racionalistas, sindicatos, asambleas, congresos y otros foros donde trabajadores y trabajadoras del mundo fueron forjando unas ideas para poder construir un mundo nuevo.

Grupo Higinio Carrocera (Asturias)

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Fuente: https://www.portaloaca.com